Antes de que existieran los grandes laboratorios europeos, el Imperio español construyó sin saberlo el mayor experimento científico de la historia. Durante tres siglos, cosmógrafos que medían el contorno de la Tierra, médicos que aprendían de los curanderos indígenas, botánicos que describían miles de plantas desconocidas y pilotos que cartografiaban océanos inexplorados pusieron en marcha una revolución del conocimiento cuyas consecuencias todavía hoy se sienten.
Este libro recorre la historia de esa ciencia olvidada: las expediciones que midieron la forma del planeta, los naturalistas que enviaron a Madrid colecciones que cambiaron la biología europea, los ingenieros que construyeron ciudades resistentes a terremotos, los metalúrgicos que transformaron la minería mundial y los astrónomos que observaron el tránsito de Venus desde los confines del Imperio. Una historia apasionante sobre cómo la necesidad de gobernar medio mundo empujó a hombres y mujeres de toda condición a convertirse en científicos, y cómo ese conocimiento —acumulado entre selvas, volcanes y océanos— sentó las bases de la ciencia moderna.