Escocia, 1183. Hay heridas que solo la verdad puede cerrar. Aunque llegue diez años tarde.
Falsamente acusado de traición y despojado de su nombre, Gilleasbaig Maolmhuire desapareció de las Highlands convertido en una sombra. Durante una década sobrevivió lejos de su hogar, forjando la leyenda del Lobo Negro, mientras una única pregunta lo perseguía allí donde iba: ¿quién lo traicionó realmente?
Cuando por fin regresa a su tierra, no busca recuperar un título ni reclamar una herencia. Solo quiere descubrir la verdad antes de que sea demasiado tarde.
Lo que no esperaba era volver a encontrar a Seònaid Tornaich.
La mujer a la que juró amar. La única capaz de romperle el corazón. La misma que aún guarda secretos capaces de cambiarlo todo.
Mientras una antigua conspiración comienza a desmoronarse y los viejos juramentos amenazan con despertar nuevos enemigos, ambos deberán enfrentarse a una verdad mucho más difícil que cualquier batalla: el amor no siempre muere por la traición; a veces sobrevive al orgullo, al miedo y a los silencios que levantamos para proteger a quienes más queremos.
En una Escocia medieval donde el honor vale más que la sangre y el destino de un clan puede depender de una sola decisión, Gilleasbaig y Seònaid descubrirán que la mayor batalla no se libra con la espada, sino contra el peso del pasado.
Porque algunas verdades destruyen una vida.
Y otras son la única forma de recuperarla.
¿Qué ocurre cuando descubres que toda tu vida ha estado construida sobre una mentira?
Esa es la historia de Gilleasbaig.
No busca únicamente limpiar su nombre.
Busca descubrir quién ha sido realmente desde el día en que nació.
Crecí entre libros, mapas antiguos y cielos plagados de símbolos, y fue en la ficción histórica donde hallé un refugio para entrelazar memoria, misterio y emoción. No me conformo con narrar hechos; mi deseo es despertar ese latido dormido en lo más profundo, esa sabiduría ancestral que viaja silenciosa a través de la sangre, los sueños y las decisiones que pueden transformar un destino.
Para mí, las historias no son simples adornos: son puentes que conectan con lo esencial, caminos por donde el alma recupera lo que la mente olvida. Mis personajes —mujeres que buscan su lugar entre dos mundos, hombres divididos entre el deber y el deseo— son mi forma de rendir homenaje a ese espacio sagrado donde se encuentran nuestras raíces, la tierra y el corazón.
Escribo porque creo que es un acto de escucha profunda, un diálogo íntimo con voces que vienen de lejos. Como en un antiguo telar, cada palabra es un hilo más que se suma al gran tapiz de nuestra humanidad, un tejido que nunca deja de crecer.
Gracias por abrirme un espacio para compartir esta conversación. Me alegraría seguir escuchándote y seguir tejiendo, desde mi pequeño rincón del mundo, mi hilo en este vasto tapiz.
Con amor y gratitud profunda,
Alma.