Hay lugares donde llega la primavera.
Y hay lugares donde la primavera habita.
Londres, 1847.
Desde que la escarlatina estuvo a punto de arrebatarle la vida, Edith Eleanor Ashford vive atrapada en un cuerpo frágil y alejada de la vida que desea. Solo hay una persona capaz de hacerla sentir verdaderamente viva: Eirik Varg, el joven escandinavo que fue acogido por su familia cuando era apenas un niño herido y sin pasado.
Eirik la ama desde hace años, pero se niega a reconocerlo. Edith pertenece a un mundo de apellido, fortuna y posición; él no posee más que una historia fragmentada, una misteriosa marca de su linaje nórdico y el temor de que su pasado pueda destruir a la mujer que ama.
Cuando Edith parte a Francia para recuperar la salud, ambos quedan separados.
Dos años después, Edith regresa transformada. Ya no es la joven enfermiza que Eirik dejó atrás: ha recuperado su fuerza, su independencia y el deseo de vivir plenamente. Pero Eirik se ha convertido en un hombre más duro y decidido a mantenerla lejos de su corazón. Y ahora otro hombre está dispuesto a ofrecerle el futuro que él cree que nunca podrá darle.
Mientras Edith lucha por decidir qué clase de vida quiere y Eirik se enfrenta por fin a los secretos de su origen, ambos tendrán que elegir entre el miedo que los ha mantenido separados y el amor que nunca ha dejado de unirlos.
Porque descubrir de dónde viene Eirik quizá le revele quién es.
Pero solo Edith puede mostrarle dónde pertenece.
Y después de un largo invierno, ambos tendrán que decidir si se atreven a encontrar juntos el camino de regreso a casa.
A quienes habéis llegado hasta aquí, gracias de corazón.
Gracias por haber recorrido este invierno con ellos.
Gracias por haber creído en la primavera cuando todavía parecía lejana.
Gracias por haber acompañado a Eirik cuando no sabía quién era, ni de dónde venía, ni dónde pertenecía.
Y gracias por haber acompañado a Edith mientras recuperaba algo más que la salud: su derecho a vivir, a elegir, a amar y a imaginar un futuro.
Todos atravesamos, alguna vez, nuestro propio invierno.
Todos conocemos ese lugar oscuro en el que no sabemos exactamente de dónde venimos ni hacia dónde vamos.
Y quizá todos llevamos dentro alguna pregunta que todavía no tiene respuesta.
Pero tal vez la pregunta más importante no sea:
¿De dónde vengo?
Sino:
¿Dónde está mi casa?
Y, cuando tenemos mucha suerte, la respuesta no es un lugar.
Es alguien.
Alguien que nos espera.
Alguien que nos reconoce.
Alguien junto a quien, después de haber cruzado todos nuestros inviernos, finalmente podemos dejar de correr.
Y entonces entendemos que regresar a casa no significa volver al lugar donde empezó nuestra historia.
Significa llegar, por fin, al lugar donde podemos quedarnos.
Gracias por haber llegado hasta aquí.
De corazón.
Alma Vinter