La guerra lleva años devorando Albaith.
Mientras los clanes se dividen y el reino se desangra entre juramentos rotos, Erynd MacEachainn —uno de los hombres más temidos de la Guardia del Cuervo Blanco— lucha desde las sombras por la causa de Robert Bruce y la libertad del norte.
Lo llaman el Silente.
No por su forma de matar, sino por todo aquello que jamás dice.
Cuando una misión lo conduce hasta la boda de la hija de un antiguo enemigo, Erynd cree estar acercándose al final de la guerra.
Pero el destino rara vez concede victorias sencillas.
Porque Mirelle Vaelor no es solo la hija del hombre al que debe destruir.
Es también la mujer que aún habita cada uno de sus silencios.
Y el único recuerdo capaz de quebrar la fría disciplina del guerrero que sobrevivió a la guerra.
Entre fortalezas tomadas, lagos cubiertos de niebla y antiguas lealtades que se niegan a morir, Erynd y Mirelle deberán enfrentarse a aquello que más daño puede causarles:
el pasado.
Porque algunas heridas cicatrizan.
Pero hay amores que permanecen vivos mucho después de convertirse en ruina.
Per silentium.
Algunos hombres nacen para la gloria.
Otros para el ruido de las canciones.
Pero hay hombres que pertenecen a la sombra,
al instante quieto antes de la batalla,
al silencio que precede a la muerte
y al amor que nunca aprende a decirse en voz alta.
Tacitus ferit.
Golpea en silencio.
Escribo historias nacidas entre la niebla, el silencio y la memoria.
Historias de hombres y mujeres que aman mientras el mundo a su alrededor se derrumba. De fortalezas levantadas frente al mar, fuegos encendidos en mitad del invierno y promesas susurradas cuando ya no queda nada excepto la lealtad y el corazón.
Creo profundamente en el poder de los relatos. No solo porque nos acompañan, sino porque iluminan partes de nosotros mismos que a veces habíamos olvidado. Hay emociones que ninguna explicación alcanza, pero una historia sí. Como si ciertas verdades antiguas siguieran dormidas dentro de nosotros esperando una voz capaz de despertarlas.
Mi escritura habita paisajes de lagos oscuros, colinas cubiertas de brezo, bosques húmedos y caminos perdidos entre la lluvia del norte. Me inspiran las viejas leyendas celtas, las tierras indómitas de Albaith y los silencios que existen entre las personas que se aman y aún están aprendiendo a comprenderse.
En mis novelas, la guerra nunca es solo guerra. También es memoria. Herida. Transformación. Y el amor rara vez aparece como algo perfecto o sencillo: llega como llegan las tormentas sobre el mar, cambiando todo aquello que toca.
Me atraen especialmente los personajes marcados por lo que callan. Guerreros que han sobrevivido demasiado tiempo. Mujeres que aprenden a habitar la incertidumbre sin perder la ternura. Personas que continúan adelante incluso cuando no poseen respuestas claras, porque han comprendido que vivir también consiste en permanecer.
Escribir, para mí, se parece mucho a caminar junto a un lago cubierto de niebla: no siempre vemos el otro lado, pero seguimos avanzando igualmente. Hay historias que nacen así, lentamente, en la oscuridad fértil de la intuición, igual que las semillas bajo la tierra en invierno.
Y quizá por eso muchas lectoras encuentran refugio en estas páginas. Porque, en el fondo, todos compartimos el mismo anhelo: ser vistos, ser amados y hallar un lugar al que poder llamar hogar.
Gracias por acompañarme entre estas palabras.
Seguiré escribiendo historias de sombras y fuego, de memoria y esperanza, de silencios que todavía guardan amor en su interior.
Con gratitud,
Anya Lysander