El traductor, a quien desagrada sobremanera llamar la atencin del pblico hacia su persona, se limita solo a anunciarle que, al hacer esta versin, se propuso llenar un vaco sensible de nuestra literatura, contribuir en escala mnima al conocimiento y estudio de los grandes modelos dramticos griegos, en cuanto es posible en nuestros tiempos, y formar y depurar el gusto de los aficionados y cultivadores de la literatura dramtica. Su plan, magnfico y soberbio como suelen serlo todos en su principio, puesto que se extenda a todo el Teatro Helnico, hubo despus de reducirse, por las exigencias invencibles de la realidad, al postrero de los trgicos, el que menos vale en absoluto, a su juicio, pero el ms importante para cuantos hoy vivimos, por ser el lazo de unin de la dramtica griega con la de los pueblos modernos, y por haber sido, por lo mismo, el ms estudiado, conocido e imitado por los autores dramticos posteriores. Siempre, sin embargo, para sus compatriotas y para los dems, ha sido y ser un poeta de primer orden.
Presentarlo, por consiguiente, tal cual es, sin exageraciones ni aditamentos extraos que lo desfiguren; elegir y comparar los mejores textos; consultar a sus traductores ms fidedignos; atenerse as al espritu como a la letra de sus escritos en cuanto es esto hacedero a las lenguas modernas, e inspirarse, en fin, en el ambiente ms helnico posible, sin olvidarse nunca de que respira otro muy distinto, e insistiendo siempre en aquello que ms distingue a la buena literatura griega, y es y ser eterno en todas las literaturas sanas, no caducas y enfermizas, de todos los pueblos y de todos los tiempos, ha sido, en resumen, su principal o su nica tarea, porque el aticismo y el buen gusto, la claridad, el orden y disposicin acertada, sobria y fcil al parecer de las partes de cualquier conjunto literario, sea el que fuere, son y sern siempre leyes eternas de la esttica literaria, como los rebuscamientos, las perfrasis, el desorden y la confusin y el afn insano de innovar ligeramente a costa de la verdadera y eterna belleza, son y han sido tambin siempre los escollos tan seguros como inevitables y mortales que caracterizan a las literaturas decadas, y en donde se estrellan con harta frecuencia as los grandes como los pequeos ingenios.