Esta versin castellana de Eurpides no se publicara ahora, si antes no hubiese costeado don Jos Gutirrez de la Vega la impresin de parte de ella, en 1865, si el seor don Cayo Ortega, catedrtico de Bibliologa de la Universidad Central, no la hubiera elegido para la Biblioteca Clsica, asesorndose previamente de don Marcelino Menndez y Pelayo, autoridad tan acatada por todos en tales materias; y si, por ltimo, no existiese la Empresa editorial que, con tanto acierto como justicia, ha encargado la direccin literaria de la misma a dicho seor Ortega. Verdadero, justo y digno es declararlo as primero.
El traductor, a quien desagrada sobremanera llamar la atencin del pblico hacia su persona, se limita solo a anunciarle que, al hacer esta versin, se propuso llenar un vaco sensible de nuestra literatura, contribuir en escala mnima al conocimiento y estudio de los grandes modelos dramticos griegos, en cuanto es posible en nuestros tiempos, y formar y depurar el gusto de los aficionados y cultivadores de la literatura dramtica. Su plan, magnfico y soberbio como suelen serlo todos en su principio, puesto que se extenda a todo el Teatro Helnico, hubo despus de reducirse, por las exigencias invencibles de la realidad, al postrero de los trgicos, el que menos vale en absoluto, a su juicio, pero el ms importante para cuantos hoy vivimos, por ser el lazo de unin de la dramtica griega con la de los pueblos modernos, y por haber sido, por lo mismo, el ms estudiado, conocido e imitado por los autores dramticos posteriores. Siempre, sin embargo, para sus compatriotas y para los dems, ha sido y ser un poeta de primer orden.
Presentarlo, por consiguiente, tal cual es, sin exageraciones ni aditamentos extraos que lo desfiguren; elegir y comparar los mejores textos; consultar a sus traductores ms fidedignos; atenerse as al espritu como a la letra de sus escritos en cuanto es esto hacedero a las lenguas modernas, e inspirarse, en fin, en el ambiente ms helnico posible, sin olvidarse nunca de que respira otro muy distinto, e insistiendo siempre en aquello que ms distingue a la buena literatura griega, y es y ser eterno en todas las literaturas sanas, no caducas y enfermizas, de todos los pueblos y de todos los tiempos, ha sido, en resumen, su principal o su nica tarea, porque el aticismo y el buen gusto, la claridad, el orden y disposicin acertada, sobria y fcil al parecer de las partes de cualquier conjunto literario, sea el que fuere, son y sern siempre leyes eternas de la esttica literaria, como los rebuscamientos, las perfrasis, el desorden y la confusin y el afn insano de innovar ligeramente a costa de la verdadera y eterna belleza, son y han sido tambin siempre los escollos tan seguros como inevitables y mortales que caracterizan a las literaturas decadas, y en donde se estrellan con harta frecuencia as los grandes como los pequeos ingenios.