Harto del conflicto interminable que Atenas mantenía contra Esparta, Eurípides ofrece en Las troyanas (415 a. C.) un aspecto de la guerra opuesto al heroísmo, en el que los griegos, como vencedores, no están a la altura. Eso, sumado a su ritmo implacable para contarnos una historia y su habitual maestría para retratar mujeres de una forma muy alejada de los estándares de la época, desemboca en una tragedia sobrecogedora y atemporal.
«Hoy sabemos lo que la guerra significa: no deja ni vencedores ni vencidos. Eso es precisamente lo que demuestra Las troyanas: los griegos han destruido Troya, pero no sacarán ningún beneficio de su victoria, ya que la venganza de los dioses los llevará a todos a la muerte». JEAN-PAUL SARTRE
Eurípides (c. 480-406 a. C.) vivió en la época del mayor esplendor político y económico de Atenas, asistió a la construcción del Partenón y los más hermosos monumentos de la Acrópolis, y compartió con sincero patriotismo el orgullo de los ideales democráticos. De su vida tenemos datos poco fiables. Se nos han conservado dieciocho tragedias, casi todas ellas pertenecientes a la plena madurez del autor.