Hacia el 1200 antes de Cristo, una costumbre funeraria nueva comenzó a extenderse desde Europa central hacia el norte y el este de la península ibérica: incinerar al muerto y depositar sus cenizas en una urna de cerámica enterrada en el suelo. Los campos de urnas —necrópolis de centenares o miles de estas urnas dispuestas en hileras— transformaron el paisaje funerario de gran parte de la península y señalaron la llegada de nuevas poblaciones o, cuando menos, de nuevas ideas. Este libro recorre el fenómeno de los Campos de Urnas en la cuenca del Ebro, el noreste peninsular y sus conexiones europeas, y debate qué representó cultural y étnicamente esta transformación.
Hacia el 1200 antes de Cristo, una costumbre funeraria nueva comenzó a extenderse desde Europa central hacia el norte y el este de la península ibérica: incinerar al muerto y depositar sus cenizas en una urna de cerámica enterrada en el suelo. Los campos de urnas —necrópolis de centenares o miles...