Irlanda, otoño de 2026
Desde que era estudiante, Fiona Brennan ha vivido fascinada por una figura envuelta en brumas de historia y leyenda: Hróaldr Sigurdsson, un guerrero vikingo cuya huella parece perderse entre manuscritos incompletos, sagas fragmentadas y secretos enterrados bajo la tierra irlandesa.
Cuando una excavación arqueológica la conduce hasta un antiguo círculo de piedras en la costa de Dun Ailinne, Fiona descubre una joya olvidada durante más de mil años. Lo que parece un hallazgo extraordinario pronto se convierte en algo imposible: las viejas piedras despiertan, los tambores de Samhain resuenan bajo la tierra y el tiempo se abre ante ella.
De repente, Fiona ya no estudia la historia.
La está viviendo.
Transportada a la Irlanda del año 875, una tierra donde druidas, guerreros y antiguos dioses aún habitan la memoria de los hombres, se encuentra frente al hombre que llevaba años persiguiendo a través de los siglos.
Pero Hróaldr Sigurdsson no es el héroe de las leyendas.
Es un rey marcado por la pérdida, la traición y el peso de decisiones que han cambiado el destino de quienes lo rodean.
Mientras una amenaza se cierne sobre las costas irlandesas y los hilos del destino comienzan a entrelazarse, Fiona y Hróaldr descubrirán que algunas búsquedas transforman para siempre a quienes las emprenden.
Porque hay caminos que cruzan océanos.
Y otros que cruzan el tiempo.
Entre antiguas piedras sagradas, drakkar que emergen de la niebla, profecías olvidadas y secretos capaces de alterar la historia, dos almas separadas por más de mil años deberán decidir si el amor puede desafiar aquello que parece inevitable.
Una novela de romance histórico, mitología celta y nórdica, viajes en el tiempo y segundas oportunidades, ambientada en la Irlanda vikinga del siglo IX.
Crecí entre libros, mapas antiguos y cielos plagados de símbolos, y fue en la ficción histórica donde hallé un refugio para entrelazar memoria, misterio y emoción. No me conformo con narrar hechos; mi deseo es despertar ese latido dormido en lo más profundo, esa sabiduría ancestral que viaja silenciosa a través de la sangre, los sueños y las decisiones que pueden transformar un destino.
Para mí, las historias no son simples adornos: son puentes que conectan con lo esencial, caminos por donde el alma recupera lo que la mente olvida. Mis personajes —mujeres que buscan su lugar entre dos mundos, hombres divididos entre el deber y el deseo— son mi forma de rendir homenaje a ese espacio sagrado donde se encuentran nuestras raíces, la tierra y el corazón.
Escribo porque creo que es un acto de escucha profunda, un diálogo íntimo con voces que vienen de lejos. Como en un antiguo telar, cada palabra es un hilo más que se suma al gran tapiz de nuestra humanidad, un tejido que nunca deja de crecer.
Gracias por abrirme un espacio para compartir esta conversación. Me alegraría seguir escuchándote y seguir tejiendo, desde mi pequeño rincón del mundo, mi hilo en este vasto tapiz.
Con amor y gratitud profunda,
Freya.