En las tierras salvajes de Escocia, donde el viento susurra viejas leyendas y la sangre canta por libertad, una mujer se mueve como un susurro entre las sombras.
Talíhya Rosemoor juró lealtad al Rey Aedan el día en que su madre —la valiente Orlaith Rosemoor— fue encadenada y humillada por orden del tirano inglés. Desde entonces, Talíhya se ha convertido en una sombra que escucha, seduce y desaparece. Una espía sin rostro, sin nombre. Para los ingleses, es un fantasma. Para los escoceses, una esperanza envuelta en niebla.
Su misión: robar secretos de los poderosos y entregarlos al rey que lucha por liberar a su pueblo.
Su arma: el encanto sutil, la inteligencia afilada y un corazón que ha aprendido a no sentir.
Pero cuando el caballero Arturan MacIan —un guerrero dividido entre su honor y la lealtad rota— jura descubrir al traidor escocés, el peligro toma un nuevo rostro… el del deseo.
Arturan alguna vez cabalgó junto al rey Aedan. Ahora sirve al enemigo. Y aunque Talíhya sabe que debe mantenerse lejos, algo en su mirada —en su alma marcada por la duda— despierta en ella un eco antiguo, un anhelo silenciado.
A medida que las sospechas de Arturan se vuelven certezas, Talíhya debe decidir si arriesgará su misión… y su corazón.
¿Podrá él renunciar a todo lo que ha creído correcto por la promesa de un amor que podría redimirlos a ambos?
Entre traiciones, leyendas ancestrales y una guerra que cambiará el destino de Escocia, dos almas enemigas deberán elegir entre la venganza… o el renacer.
Crecí entre libros, mapas y horizontes lejanos. Muy pronto descubrí que las historias podían hacer algo extraordinario: atravesar el tiempo y acercarnos a personas que vivieron siglos antes que nosotros hasta volverlas profundamente humanas.
Desde entonces escribo para explorar aquello que permanece.
Me atraen los momentos en que una vida cambia de rumbo. Las decisiones que nos definen. Los vínculos que nos transforman. La búsqueda de un lugar al que pertenecer. La distancia que existe entre quienes creemos ser y quienes estamos llamados a convertirnos.
Por eso mis novelas suelen habitar la frontera entre la historia y la emoción. En ellas aparecen mujeres que intentan encontrar su voz en mundos que parecen no tener sitio para ellas, hombres obligados a elegir entre distintas lealtades, y personas que descubren que el verdadero viaje rara vez consiste en llegar a un lugar, sino en comprender quiénes son cuando finalmente llegan.
No escribo para reconstruir el pasado como si fuera un museo. Escribo porque creo que las historias siguen siendo una de las formas más antiguas y profundas que tenemos de comprendernos. Son puentes entre generaciones, conversaciones silenciosas que atraviesan los siglos y nos recuerdan que los seres humanos seguimos haciéndonos las mismas preguntas esenciales.
¿Quiénes somos?
¿A quién pertenecemos?
¿Qué merece ser conservado?
¿Y cómo seguimos adelante después de la pérdida?
Cada libro es mi manera de buscar respuestas, aun sabiendo que ninguna será definitiva.
Gracias por acompañarme en ese camino.
Es un privilegio compartir estas historias con quienes todavía creen en el poder de la memoria, la imaginación y la esperanza.
Con gratitud,
Anya Lysander