1209. Rhiannon de St. Valcroix llega a Escocia no por deseo, sino por deber. Hija de un barón poderoso, ha sido destinada a sellar con su matrimonio una frágil paz en las Highlands, una tierra donde los pactos se sostienen con acero y memoria, y donde cada valle guarda una deuda de sangre.
Las montañas la reciben con una belleza feroz y un silencio cargado de advertencias. Los clanes se observan desde la distancia, los antiguos conflictos siguen latiendo bajo la superficie, y el poder real se ejerce lejos de los tronos. Rhiannon, educada para obedecer con dignidad, percibe pronto que en Escocia nada es lo que parece y que incluso la neutralidad puede resultar peligrosa.
Un acto de misericordia —y de desafío— la convierte en testigo de una conspiración que no debía ver. En un instante irrevocable, una flecha rompe el curso de los acontecimientos y transforma a la prometida dócil en una pieza incómoda dentro de un juego mucho más vasto. Las Highlands despiertan. Los clanes se movilizan. Las alianzas comienzan a resquebrajarse.
Mientras la guerra se aproxima y las intrigas se entrelazan, Rhiannon queda atrapada entre hombres que desean usarla, destruirla o reclamarla. Y entre ellos se alza Brogan MacEòin, temido por todos, envuelto en leyendas, cuya presencia amenaza con alterar no solo el equilibrio del poder, sino también aquello que Rhiannon creía inamovible en su propio corazón.
En una tierra donde el honor se paga caro y la libertad nunca es concedida, Rhiannon deberá decidir si seguirá siendo un instrumento del poder… o si se atreverá a forjar su propio destino.
Crecí entre libros, mapas antiguos y cielos plagados de símbolos, y fue en la ficción histórica donde hallé un refugio para entrelazar memoria, misterio y emoción. No me conformo con narrar hechos; mi deseo es despertar ese latido dormido en lo más profundo, esa sabiduría ancestral que viaja silenciosa a través de la sangre, los sueños y las decisiones que pueden transformar un destino.
Para mí, las historias no son simples adornos: son puentes que conectan con lo esencial, caminos por donde el alma recupera lo que la mente olvida. Mis personajes —mujeres que buscan su lugar entre dos mundos, hombres divididos entre el deber y el deseo— son mi forma de rendir homenaje a ese espacio sagrado donde se encuentran nuestras raíces, la tierra y el corazón.
Escribo porque creo que es un acto de escucha profunda, un diálogo íntimo con voces que vienen de lejos. Como en un antiguo telar, cada palabra es un hilo más que se suma al gran tapiz de nuestra humanidad, un tejido que nunca deja de crecer.
Gracias por abrirme un espacio para compartir esta conversación. Me alegraría seguir escuchándote y seguir tejiendo, desde mi pequeño rincón del mundo, mi hilo en este vasto tapiz.
Con amor y gratitud profunda, Anya.