Kenji Arakawa nunca ha sabido frenar.
Ni sobre una moto.
Ni frente a un enemigo.
Ni cuando una decisión puede destruir todo lo que tiene.
En las carreras clandestinas de Tokio, su nombre significa dinero, velocidad y peligro. Kenji está acostumbrado a controlar la pista, a sus rivales y las reglas de un mundo donde perder puede costar mucho más que una carrera.
Hasta que Mio Fujimori entra en su garaje.
Ingeniera mecánica. Brillante. Implacable. Y con una razón muy personal para acercarse a él.
Su padre quedó marcado para siempre después de una carrera del pasado en la que Kenji tuvo algo que ver. Mio ha esperado años para obligarlo a experimentar aquello que él provocaba en los demás:
duda.
Miedo.
La sensación de no poder confiar en la máquina que sostiene tu vida.
Pero su venganza solo destapa la primera capa.
Porque alguien más lleva años manipulando carreras, datos y decisiones.
Lo que empieza con una moto alterada conduce hasta Origen, una estructura capaz de analizar a las personas bajo presión y convertir comportamientos como el miedo, la obediencia, la agresión o la lealtad en información utilizable.
Y Origen es solo el principio.
Los modelos viajan.
Se venden.
Cambian de nombre.
Llegan a aseguradoras, bancos, empresas y sistemas de selección.
Predicen conductas.
Condicionan oportunidades.
Preparan contextos.
Incluso intentan determinar a quién buscará una persona antes de que esa persona haya tomado ninguna decisión.
Kenji y Mio deberán enfrentarse a algo mucho más difícil que una carrera:
descubrir qué parte de sus vidas fue elegida realmente por ellos.
Y mientras desmontan secretos familiares, sistemas heredados y modelos que intentan convertir a las personas en resultados previsibles, tendrán que decidir qué significa amar a alguien sin controlarlo.
FRENO DE MANO es una saga completa de cuatro novelas que mezcla romantic suspense, thriller tecnológico, carreras clandestinas, secretos familiares, enemies to lovers, conspiración y una intensa historia de amor sobre dos personas que descubren que la libertad no consiste en ser impredecible.
Consiste en seguir teniendo derecho a elegir.