Prisionero de los franceses en Napoleón en Chamartín, Gabriel de Araceli se fuga y se dirige a Zaragoza para incorporarse al ejército que se está organizando con fuerzas dispersas.
El destino lo lleva a ser uno de los valerosos defensores de la ciudad en el segundo y más fuerte de los sitios. Junto con otros personajes de total creación literaria, Araceli convive con el general Palafox y las demás figuras históricas que realmente intervinieron en la gran gesta popular.
La épica vuelva en su grado supremo con esta novela y se hace aun mas patente con una de sus frases, mientras haya un lengua viva, gritara, ¡Zaragoza no se rinde!.