La Doncella eleva las palmas de sus manos palidecidas por el insomnio de las sedas y los marcadores. La Vieja huye arrimada a la pared, hacia su Siberia de trapos oscuros donde agoniza la cesta llena de mendrugos de pan.
La Doncella eleva las palmas de sus manos palidecidas por el insomnio de las sedas y los marcadores. La Vieja huye arrimada a la pared, hacia su Siberia de trapos oscuros donde agoniza la cesta llena de mendrugos de pan.