Lo que llamamos inspiración es un auténtico misterio por el cual leemos y desentrañamos el futuro dentro de nosotros. Ahí sí que tenemos un extraño dominio de la cambiante, asombrosa realidad, y podemos dar la vuelta al tiempo lineal trayendo a nuestro presente las señas de un futuro. La creación que en el lenguaje, en el arte, en la invención, sale a la luz, es algo que antes no estaba. Y por ello, no podemos embridarla con nuestra intención ni con nuestro interés: es algo ajeno a nosotros, distinto y nuevo, que no controlamos en su llegada. Bajo estos principios estudia Saint Exupéry, en sus Cuadernos, que siempre llevaba consigo para anotar ideas, proyectos de libro y opiniones, la política de su tiempo, los descubrimientos de la época, las paradojas de la sociedad y la economía, y discute todos los principios sacrosantos.
Antoine de Saint-Exupéry (29 de junio de 1900 – 31 de julio de 1944) nació en el seno de una familia noble en la ciudad francesa de Lyon. Fue un escritor y aviador francés famoso por ser el autor de El principito y una serie denovelas de aventuras sobre aviación, como Vuelo nocturno o Tierra de hombres.
Fue un exitoso piloto militar y comercial. Su vida está salpicada de toda clase de hazañas y aventuras que marcan decisivamente su obra literaria, donde refleja sus experiencias vitales y su concepción de la amistad y el amor.
Desapareció en un accidente aéreo cerca de la costa de Marsella cuando se encontraba en una operación militar durante la segunda Guerra mundial.