El mismo título del libro es ya bastante significativo. El propio Lezama explica en una carta a Cintio Vitier:
«Se convierte a sí misma, la poesía, en una sustancia real, y tan devoradora que la encontramos en todas las presencias. Y no es el flotar, no es que la poesía en la luz impresionista, sino la realización de un cuerpo que se constituye en enemigo y desde allí nos mira. Pero cada paso en esa enemistad provoca estela o comunicación inefable.»
En este libro el poema Ah, que tú escapes, se puede considerar como el primer signo de madurez literaria del autor.
El agua es uno de los elementos centrales en Enemigo rumor como lo es también en Muerte de Narciso. Esto, llevado a un plano metafísico, se puede interpretar como un deseo posesivo de conocimiento. Sin embargo, éste es un deseo que nace frustrado, porque la poesía, como el agua, no se deja atrapar, se
escapa en el instante en el que alcanza su mejor definición.
En Enemigo rumor se manifiestan las preocupaciones religiosas, identitarias y metafísicas de Lezama. Se percibe también cómo su poesía se posiciona en un fascinante punto medio, entre las vanguardias literarias del siglo XX, la Biblia y los autores del Siglo de Oro.