Marianela

Library of Alexandria
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Se puso el sol. Tras el breve crepœsculo vino tranquila y oscura la noche, en cuyo negro seno murieron poco a poco los œltimos rumores de la tierra so–olienta, y el viajero sigui— adelante en su camino, apresurando su paso a medida que avanzaba la noche. Iba por angosta vereda, de esas que sobre el cŽsped traza el constante pisar de hombres y brutos, y sub’a sin cansancio por un cerro en cuyas vertientes se alzaban pintorescos grupos de guinderos, hayas y robles. (Ya se ve que estamos en el Norte de Espa–a.)

Era un hombre de mediana edad, de complexi—n recia, buena talla, ancho de espaldas, resuelto de ademanes, firme de andadura, basto de facciones, de mirar osado y vivo, ligero a pesar de su regular obesidad, y (d’gase de una vez aunque sea prematuro) excelente persona por doquiera que se le mirara. Vest’a el traje propio de los se–ores acomodados que viajan en verano, con el redondo sombrerete, que debe a su fealdad el nombre de hongo, gemelos de campo pendientes de una correa, y grueso bast—n que, entre paso y paso, le serv’a para apalear las zarzas cuando extend’an sus ramas llenas de afiladas u–as para atraparle la ropa.

Detœvose, y mirando a todo el c’rculo del horizonte, parec’a impaciente y desasosegado. Sin duda no ten’a gran confianza en la exactitud de su itinerario y aguardaba el paso de algœn aldeano que le diese buenos informes topogr‡ficos para llegar pronto y derechamente a su destino.

ÑNo puedo equivocarmeÑmurmur—Ñ. Me dijeron que atravesara el r’o por la pasadera... as’ lo hice. DespuŽs que marchara adelante, siempre adelante. En efecto, all‡, detr‡s de m’ queda esa apreciable villa, a quien yo llamar’aÊVillafangosaÊpor el buen surtido de lodos que hay en sus calles y caminos.... De modo que por aqu’, adelante, siempre adelante (me gusta esta frase, y si yo tuviera escudo no le pondr’a otra divisa) he de llegar a las famosas minas de Socartes.

Se puso el sol. Tras el breve crepœsculo vino tranquila y oscura la noche, en cuyo negro seno murieron poco a poco los œltimos rumores de la tierra so–olienta, y el viajero sigui— adelante en su camino, apresurando su paso a medida que avanzaba la noche. Iba por angosta vereda, de esas que sobre ...

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