“Tolstói es el mayor escritor ruso de ficción en prosa” como bien aseguró Nabokov, pero el acercamiento de los lectores a su obra suele contener sentimientos encontrados. La figura del escritor clásico con obras monumentales e imprescindibles para la literatura lo hace parecer inalcanzable, el artista y sus historias tan humanas atraen, y el filósofo y el moralista aburren o ahuyentan. Sin embargo lo que ha hecho que miles sigan leyendo sus obras casi 200 años después es el don que tenía Tolstói para proveer a su ficción de un estado de ánimo que coincide exactamente con el del lector. La composición de las historias, las voces más diversas, el obsesivo detalle en la descripción física y mental de cada personaje, la entrada a todo lo divino y lo humano.