Una característica común de estas obras es su estilo literario elegante y sofisticado. Los autores a menudo empleaban un lenguaje poético y simbólico para describir los encuentros eróticos, utilizando metáforas y alusiones sutiles para representar los actos sexuales. Este enfoque indirecto permitía sortear las restricciones legales y sociales, al tiempo que añadía un aire de misterio y excitación a las narraciones.
Aunque las novelas eróticas victorianas fueron ampliamente condenadas y censuradas en su época, su legado en la literatura moderna es innegable. Estas obras desafiaron las convenciones literarias y sociales de su tiempo, allanando el camino para futuras exploraciones de la sexualidad en la literatura.
Influyeron directamente en autores posteriores, como D.H. Lawrence y Anaïs Nin, quienes exploraron temas eróticos de manera más abierta y directa. Además, la popularidad contemporánea de la trilogía "Cincuenta sombras de Grey" de E.L. James ha llevado a un resurgimiento del interés en las novelas eróticas y ha permitido una mayor apertura en la discusión sobre la sexualidad en la literatura.