Como su contemporáneo, el filósofo Han Byung-chul (1959), denuncia las consecuencias de la sociedad posindustrial, la libertad opuesta al poder, la pérdida de la capacidad contemplativa del individuo entregado a la sociedad del rendimiento y la obligación, reñida con el libre ejercicio del ocio. No sorprende pues la alarma que le produce la degradante relación que esta civilización establece con la naturaleza, al igual que la agresiva indiferencia con que desconoce la presencia de los animales que viven, sufren y mueren en su entorno; en fin, a un incongruente universo que lo interroga y angustia, y al cual responde desafiante con desesperadas construcciones verbales que, a veces, en su incoherencia son el espejo de esa retorcida realidad. Todo ello expresado con un lenguaje en el que habitan la inusitada metáfora, la inquietante paradoja, el silencio de la elipsis, la rebeldía del oxímoron, la hipérbole luminosa, la distorsionada sintaxis, la ironía y el sarcasmo.