Y no estoy solo dentro de mi cabeza.
Empezó en El Cairo, con una piedra azul que compré demasiado cara en un bazar. Siguió en una cueva de Nepal, donde le puse a la fuerza un cristal alienígena en el ojo a gente que no lo había pedido, sin decidirlo yo. Desde entonces he hecho cosas que no habría hecho jamás, y las he hecho bien, y a veces las he disfrutado, y esa es la parte de la que no sé cómo hablar.
Ella me dice que soy su elegido. Yo llevo veinte años intentando averiguar dónde termino yo y dónde empieza ella.
Esta es mi versión. No prometo que sea cierta. Prometo que es la mía.
El elegido de Rangda cuenta la pentalogía desde dentro del hombre que la puso en marcha: el villano de la historia de otra persona, contando la suya.