Lo que no sabe es quién es esa mujer, ni cuánta gente la está buscando, ni que va a tardar mucho más de una noche en irse.
Samantha tiene ojos rojos, cabello negro y un pasado que no se cuenta en una sola conversación. Tampoco tiene ningún lugar adonde ir.
Durante las semanas que siguen, dos mujeres que no deberían estar en el mismo cuarto aprenden a compartir un espacio, una rutina y, sin haberlo planeado, algo más. Amanda tiene principios que nunca había cuestionado. Samantha tiene razones para no confiar en nadie. Las dos van a tener que decidir hasta dónde están dispuestas a llegar.