Las imágenes nos llevan a un /abismo que se aproxima/ en Desasosiego. Hay /destellos de recuerdos apretados/ en Despedida. /Agoniza el gemido, que arrasa/ en Hilo rojo. Poemas que se definen con los desgarros que trae aparejados el solo hecho de vivir. /La culpa/ que aparece en Lagañas. /Me declaro muerto, por decisión/ en Motivo, nos traslada a un lugar en el cual es posible una eutanasia poética, una genialidad del autor para expresar su decepción ante el abismo. Las palabras que pierden su complicidad en Olvidos, una forma de dolor. Escalando peldaños de humo en Quimera, en donde vuelve el abismo como un recurso de la caída misma y del desaparecer del afuera. /Los solitarios permanecemos/ dice en Domingo, permanecer para hibernar sin tener cabida en otro sitio que el de la soledad, en donde el poeta se abriga para leer el Aleph, en una clara alusión a la obra borgiana. Así también nos abriga en la complicidad de compartir sus pasiones y su interior que en un acto de pulsión lucha por salir a la intemperie a fuerza de tallar palabras.
Le pone ritmo y música al duelo, al olvido, a las heridas, y a los recuerdos que se tuercen en una lírica que florece desde la memoria de la vida. Una forma de encontrar consuelo y de brindarlo en cada uno de sus poemas. Gabriel Medina va construyendo como en una sutil tela de araña los hilos que tejen toda la trama, un encadenado perfecto de emociones, de luces y oscuridades en donde el lector va a ver su propio reflejo.
Los invito a la lectura de esta obra lírica que genuina y generosamente nos ofrece Gabriel Medina. Sigámoslo en el viento…
Marta Commendatore
Escritor