La relación entre poesía y pintura procede de antiguo. Ya Plutarco atribuye a Simónides de Ceos la enunciación la pintura es poesía muda y la poesía es una pintura hablante y Horacio formula la máxima ecfrástica ut pictura poesis. Ambos principios sirven para atestiguar el origen teórico de un diálogo entre los lenguajes de las artes pictóricas y verbales que con el tiempo y en la práctica se hace extensivo a otras modalidades artísticas, fundamentalmente visuales, pero no sólo: escultura, arquitectura, cine, fotografía, música… Tal diálogo, incrementado hoy por el gran desarrollo de las nuevas tecnologías, supone en la posmodernidad poética un intercambio y un cuestionamiento de las formas de representación que adquiere el arte en su función unánime de pensar la vida, cuyo resultado global se certifica en distintas tipologías ecfrásticas puestas al servicio de poéticas de signo muy diverso como técnicas de composición y de clarificación epistemológica, histórica, existencial, sentimental, identitaria y, asimismo, como técnicas exegéticas en el vuelo que permite la consideración de los textos con respecto a las imágenes o a otros referentes artísticos e interdialógicos que los articulan.