... Decidió que un par de visitas convencionales —volar a Japón, pasar un tiempo allí, volver— no serían suficientes. Entonces, imaginó un recorrido y enhebró cada una de sus etapas en torno a una pregunta. Si él era capaz de ir a buscar a una mujer al otro extremo del mundo, ¿de qué cosas —atroces, magníficas, inesperadas— eran capaces las personas por amor? Así surgió esta crónica de viaje que es, también, la historia de la sangrienta obsesión de un diputado alemán por su secretario, la de un policía ruso que nunca superó la infidelidad de su esposa y se transformó en asesino y violador serial, la de un señor chino que en los parques de Pekín busca novio para su hija, la de un joven a quien las mujeres le pagan por un poco de conversación en Tokio, y la de Sinay, que al principio del libro es un hombre que no le encuentra al viaje mayor atractivo y termina transformado en un nómade en potencia, hechizado por la idea del movimiento perpetuo.