Paradójicamente, el cúmulo de apuntes sobre Beethoven hallados en su legado y ordenados por el editor Rolf Tiedemann ha acabado por constituir la monografía musical no sólo más extensa, sino también más intensa, jamás escrita por Adorno. Fragmentarios y parciales, los análisis en ella reunidos son, sin embargo, tan incisivos y ricos como tal vez sólo Nietzsche –otro artista pensador, o viceversa–consiguió serlo en sus aforismos. Y la misma confesión de no haber sido capaz de encajar la Missa solemnis en el corpus beethoveniano resulta, antes que la afirmación de un fracaso, la de un triunfo de la comprensión: el triunfo de un libro inacabado pero no incompleto, finalmente convertido en una gran obra de música, de filosofía y filosofía de la música.
Filósofo alemán postmarxista, realizó un prolífico trabajo en los campos de la sociología, crítica literaria, musicología e incluso ejerció como compositor. Uno de los principales representantes, junto con Horkheimer y Marcuse, de la primera generación de la Escuela de Francfort fundamentada esencialmente en la teoría crítica.