Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850-Vailima, Samoa, 1894). Autor de
cabecera de multitud de escritores como Borges, Kipling o Chesterton, es
conocido sobre todo por las dos obras que generación tras generación
siguen leyendo los jóvenes de todo el mundo: La Isla del Tesoro (1883) y
El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (1886). Una lectura
honda de ellas nos desvela que no sólo son dos excelentes ejemplos de
novela de aventura y de terror juveniles; ambas reflejan el anhelo de
todo hombre que vivió el apogeo de esa gran empresa civilizadora que fue
el Imperio Británico: escapar de la férrea rigidez moral y ética de la
sociedad victoriana. ¿No es acaso el señor Hyde un desdoblamiento de
personalidad liberador, un febril ataque de barbarie hacia un mundo
encadenado por los «buenos comportamientos» y el «saber estar»? Esta
huida, en La Isla del Tesoro, llega a ser física, real, como la que
realizaron tantísimos marineros (o el mismo Stevenson, que surcó los
mares de medio mundo a pesar de su delicado estado de salud) dispuestos a
llevar a cabo el lema de Nelson en Trafalgar: «Inglaterra espera que
cada hombre cumpla con su deber».