
M E M E (M)
PATRIA O MUERTE Desde el sur, donde se encuentra preso Joxe Mari (hijo de Joxian y Miren), de quien se dirime en el texto de Fernando Aramburu si cometió o no el asesinato de el Txato (marido de Bittori), lo que llegaba de el País Vasco era lo que va narrando el autor, en la distancia. Aquí, en el sur, se observaban, distantes, desde los “años de plomo” hasta “el cese de la violencia” o de la “lucha armada”; nos han sido familiares, por mor del asombro, los términos que corren por las páginas: porque nos sorprendían los nombres, la terminología, lo que nosotros considerábamos jerga y allende Logroño lengua: las ikastolas (escuelas), ikurriñas (banderas), los aberri eguna, los lehendakaris (aquí sólo aparece citado directamente José Antonio Ardanza –pág.144-). Pero luego estaba lo pendenciero: Euskadi ta askatasuna, las coordinadoras abertzales como KAS, los sindicatos –hasta los de distinta orientación como LAB-, Herri Batasuna, Eta político-militar y demás. Esta última parte no es la que refiere en su escrito, pues viene a situarse en un País Vasco sin polimilis, así se detiene en los inicios de la “violencia de baja intensidad” de los cachorros de Jarrai y lo que luego se denominaría Kale Borroka. Hace la transición de los jóvenes hasta el aparato logístico, los entrenamientos militares, las primeras prácticas con las detonaciones y, con ellos, el periplo, somero, por los nombres que vinieron sonando en la época: la caída de la cúpula en Bidart, Francisco Múgica Garmendia “Pakito”, Idoia López Riaño “la tigresa”, Josu Ternera, Soledad Iparraguirre “Anboto”, "Yoyes" y el anverso, algún poítico como Iñaki Azcuna (pág. 591) y la muerte del otro lado: Consuelo Ordóñez, hermana de Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco (pág. 614)… Se trata de una visión desde la raigambre de esta tierra y desde el dolor de los asesinados y del de las familias de presos no reagrupados. No sabría decir si equivalentes, equidistantes en eltesto pero ambos tienen cabida. Sí que hay un malo en esta narración realista, o dos: la Guardia Civil, Policía Nacional y, Ertzaintza y el clero.Por lo que respecta a la txakurrada, los registros en casa de Joxe Mari son retratados con la extemporaneidad que se presupone (pág. 299), la profunda limpieza de la casa para eliminar rastros en algo que haya tocado cualquier policía (págs.300,301), las torturas en el cuartel de Intxaurrondo (pág. 505) o el maltrato penitenciario (pág.614). Por otro lado don Serapio, el clérigo que guarda las esencias del nacionalismo en el sagrario y que es temido por las consecuencias que sobrevendrán si se descubre la homosexualidad de uno de los personajes (no es menester indicar cual), y cuando recomienda que en el entierro del Txato se hable del finado, no del asesinado. Y de fondo, resuena en quienes asitíamos en los ochenta y los años sucesivos a los atentados, la banda sonora de las pintadas, algunas incluso en ciudades andaluzas: Gora E.T.A. o los “slogans” de las manifestaciones nacionalistas y constitucionalistas: Euskal presoak, euskal herrira o Julio askatu –por Julio Iglesias Zamora, tal vez trasunto de el Txato (inicialmente se pretendía un secuestro)-. Supongo que caben continuaciones de “Patria”: como Iparretarrak o la E.T.A. francesa, la vida en los santuarios (México, Argelia) –aquí esbozados-, las conversaciones subrepticias –desde Argel a Aznar (MLNV)- pero al final de “Patria” o muerte –cuando se aproximan los últimos días de las dos matriarcas familiares-, luego de todo, han cambiado por completo las vidas de todos –los caídos y los arrepentidos- para que todo siga igual, para que Miren, salga de misa y siga en línea recta, directa hacia Bittori y se vean, sólo se miren, sólo silencio o muerte.
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Javi Pierrad
De lectura rápida, Aramburu no se detiene a describir escenas ni situaciones, va directo a la acción sin rodeos. En cuanto al argumento, toca el desgraciadamente todavía tema de ETA y su entorno, sin entrar en política, desde el punto de vista humano de las familias a las que les tocó vivir el drama tanto de un lado como del otro.
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