Cuando Ana, harta, le hace caso a su aquelarre virtual y embruja a su jefa, no espera que la mujer muera esa misma noche. Y, aunque quiere creer que es una desafortunada coincidencia, ahora un espíritu la acecha e insiste en desenterrar los horrores más profundos de su pasado.
Desempleada y sin hogar, acepta la ayuda de la mítica Aurelia, pero al notar su capacidad para ver aquello que ocultan las sombras y su talento para la brujería, pronto la mujer le ofrece un trabajo inusual: limpiar casas tomadas por fuerzas desconocidas. Es así como llegan a lo de Milton Siracusse. El escritor está en la cumbre de su éxito profesional pero también en el ocaso de su vida, aislado del mundo, ahogado en recuerdos tan vívidos que espantan y plumas negras, cuando su asistente lo convence de contratar a una cuidadora. ¿Y quién mejor para acompañar a un anciano devorado por fantasmas que una bruja?
Ana acepta su nuevo rol por necesidad, pero descubre que lo que la une a Milton va más allá del dolor y la empatía. Algo oscuro anida en esa casona de Belgrano. Algo que a él lo inspira y a ella la aterra. Algo que tiene que ser exterminado antes de que eclosione. Y, para esto, Ana va a tener que hacerle frente a eso que lleva toda una vida sepultando.
Con una gracia sobrenatural y una nostalgia exquisita, Mel Knarik hace su gran debut en ficción en esta novela imprescindible sobre duelo, horror y brujería urbana.
Escritora y divulgadora de las tradiciones del esoterismo occidental, desciende de una larga línea de brujas armenias.
Brinda clases de Tarot, Metafísica y otras formas de magia. Su podcast, Furia Esotérica, la volvió popular en redes y su carrera literaria comenzó con los libros de divulgación Club de Brujas, Sigilos, Nuevos Sigilos (VR Editoras) y Los caminos de la magia (Kier). Su debut en ficción, Fauna, combina su experiencia en el mundo esotérico con sus miedos más profundos, que nada tienen que ver con lo sobrenatural. Hoy su aventura consiste en disfrutar la maternidad y continuar escribiendo textos mágicos de ficción y no ficción.
Se la puede encontrar en sus hábitats: en el parque alimentando a los tordos, en el balcón podando una Santa Rita o mirando por enésima vez Buffy, la cazavampiros. Todo eso protege su energía.