Lo que la tradición socrática ha llamado el cuidado del alma está esencialmente vinculado con los demás. Esto significa que la patria de lo humano no es el "soy", sino el "aquí me tienes". De ella surge la auténtica solidaridad. Esta sensibilidad es también la condición del admirarse de la vida. La mirada atenta es admiración, que Descartes situaba como la primera de todas las pasiones. Lo que lleva a decir que, para escribir sobre ética, hay que estar admirado, hay que estar apasionado por la vida.
Cuando los decorados de lo banal desaparecen, sólo queda lo que de veras cuenta. Lo único que de veras cuenta.
Asiste regularmente como voluntario al Aula de Cultura del proyecto de Centros Penitenciarios de Madrid de la organización Solidarios para el Desarrollo, y está desarrollando un proyecto de filosofía para personas con alguna discapacidad intelectual.
Ha publicado La infancia y el filósofo (Ediciones Encuentro, 2012) y Manual para ignorantes (Ediciones Sígueme, 2015), además de escribir artículos y capítulos de libros en publicaciones especializadas en filosofía. Trabaja actualmente en un ensayo sobre educación. Está casado y es padre de tres hijos.