Adolf Hitler por ejemplo, es el santo y mártir del racismo y de los racistas pero realmente no fue el inventor de esa macabra forma de ver el mundo, pues solo es una muestra de lo peor y más bajo que puede caer una sociedad en su propia ignorancia.
Tampoco se puede afirmar sin equivocación que todas las personas de raza blanca son racistas, pero si se puede afirmar con contundencia que todos han sido nutridos en el racismo y se han beneficiado del mismo.
No se puede olvidar que en el grandioso Reino de España, justo antes de las Olimpiadas en Barcelona se armó todo un revuelo porque tenían a un hombre africano disecado en el Museo de Barcelona.
Esa es la realidad de los racistas, pues la modernidad les ha forzado a aceptar a los africanos como seres humanos.
Ni la intelectualidad, ni la religión, ni la filosofía ni la psicología de la que tanto presumen las sociedades occidentales han podido con el racismo.
Tanta historia y tantas humanidades, ilustraciones y revoluciones, pero el racismo siempre ha impedido la evolución mental y social de muchas sociedades e individuos.
En primer lugar, el racista no puede luchar contra el racismo, ni trabajar ni pensar en contra del racismo, porque simplemente piensa que es algo natural y es el orden natural de las cosas.
Inconsciente y conscientemente el racista está seguro de su supuesta verdad.
No cree en la igualdad de todos los seres humanos y prefiere ignorar la verdad de que todos los seres humanos, puestos en los entornos adecuados para su mejor desarrollo, siempre manifiestan lo mejor de sí mismos y su máximo potencial, si eso es lo que les motiva.
El viejo juego de prestar dinero a los países para empobrecerlos más porque los gobernantes de hoy en esos países prefieren abrazar la corrupción, ese viejo juego pronto se terminará.
El racismo no podrá eternamente seguir empobreciendo al mundo y las almas de muchas personas que en el fondo fueron buenas, pero que sus sistemas sociales han convertido en colaboradores de crímenes racistas, como lo fue la sociedad alemana nacista.
No nos equivoquemos pues, ni se equivoquen los racistas, pues este libro no es para faltarle al respeto a nadie, pues todas las personas por el mero hecho de serlo se merecen respeto.
Esta serie de libros es para decir lo que más duele, como siempre, la verdad.
Malabo,
20.06.2021
Javier Clemente Engonga,
Soy el Arquetipo del Liderazgo, con experiencia ejecutiva en gestión de políticas públicas, fintech, comercio internacional y mercados globales, especializado en consultoría estratégica y soluciones de servicios empresariales para Asia y África, América del Sur y el Caribe, América del Norte, la República Popular China, Japón, India, Singapur y la Unión Europea.
Máster en Negocios Internacionales (MBA) por el Instituto Europeo de Posgrado (IEP) de España, y los estudios de la licenciatura en comercio internacional y economía en la Universidad de Xiangtan (Hunan 湘潭 大学), República Popular China. Como socio fundador y director general de numerosas empresas africanas de consultoría en estrategia de inversión y fintech, soy un firme defensor del avance de la internacionalización de las pymes africanas.
Mi experiencia en la gestión de políticas públicas incluye, entre otros, los cargos de Director General de Contenido Nacional en la Industria Petrolera e Inspector General de Contenido Nacional en la Industria Petrolera del Ministerio de Minas (2010-2013), Director General de Promoción Comercial e Inversiones Privadas (2013-abril 2015) y Director General de Comercio en el Ministerio de Comercio y Desarrollo Empresarial de la República de Guinea Ecuatorial (junio 2015-2019).
Como ya he dicho en alguno de mis libros, la mente es un ordenador cuántico que procesa la realidad que percibimos; en este sentido, la humanidad como organismo neurobiológico es un ordenador casi infinito que crea la realidad simulada que llamamos ''vida'' y que a su vez da sentido a nuestra ''existencia''.