Con un valor estimado de 200 mil millones de dólares, el mundo de los videojuegos mueve más dinero que el cine y el streaming de series y de música... juntos. El fenóme no gamer , que hoy congrega a más de 3 200 millones de jugadores, es muchísimo más que un pasatiempo; es una invasión silenciosa e imparable que derrumba o catapulta las bolsas de valores, transforma físicamente el cerebro de los jugadores, moldea nuestra imaginación y cuenta con más de 230 millones de adictos, según la OMS.
Este ecosistema —que ciertamente congrega a algunas de las mentes más geniales de nuestra generación, tanto desarrolladores como jugadores—, también es un cam po fértil para el lavado de dinero a través de donaciones, criptomonedas y venta de objetos virtuales. La industria, dominada por colosos como gamman y Bents, nos ofrece una ilusión de control, mientras mutila la riqueza de la experiencia real.
Es un colonialismo digital donde el sur global produce talento y audiencia, pero el norte captura el dinero y fija las reglas.
Agárrate. Viajaremos por este universo.
Erik Huesca Morales. Físico de la UNAM y doctor en inteligencia artificial por la Universidad de California, en Berkeley. Dedicado al conocimiento y convergencia entre el mundo digital y la educación para instituciones públicas y privadas del ámbito nacional e internacional. Fue presidente de la Academia Mexicana de Informática. Desarrolló proyectos, como la introducción y consolidación de internet en México y otros países como Argentina, Nicaragua, Guatemala y Colombia. Actualmente es presidente de la Fundación para el Conocimiento y la Cultura Digital, socio de ATM Consultores y miembro de consejos consultivos del Instituto Federal de Telecomunicaciones.