Caldas, en suma, vio el progreso neogranadino y americano iluminado por el florecimiento de una nueva y fecunda cultura levantada sobre los cimientos del conocimiento de nuestros misterios territoriales, de nuestra biodiversidad de nuestra desorbitada geografía, que trajera consigo el verdadero y definitivo, el único posible, descubrimiento de América.
Asi describía Caldas la misión de los ingenieros en el planeta:
La ciencia del Ingeniero es inmensa: abraza todos los ramos de la guerra, y parece que se detiene con preferencia en los más sublimes: su objeto es oponer al enemigo obstáculos invencibles, sorprenderlo, aterrarlo, vencerlo, y al mismo tiempo defender la patria, derramar el consuelo y la seguridad en el corazón de sus conciudadanos, y en fin, hacer respetar y temer de todos al Estado.
Este es el alto destino, jóvenes estudiosos, a que os llama la república: este es vuestro patrimonio, y está la mies preciosa que debéis cultivar para ofrecerla dentro de poco tiempo frutos sazonados. Vosotros sois su esperanza, no la fruisteis por inaplicación o por pereza.
Fijad, yo os lo ruego, vuestros ojos sobre la brillante perspectiva que os ofrece la carrera de honor y de virtudes que hoy abre para vosotros la Patria. La América, antes subyugada y esclava, dependiente hasta en las menores cosas del duro peninsular, no necesitaba de ciencias, de artes, de guerra, de héroes, ni de virtudes.
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