Melina fue una mujer que Gid Kane conoció hace mucho tiempo. Ahora está muerta en Nairobi y el caso queda cerrado en apenas dieciocho horas. Oficialmente, fue un robo. Extraoficialmente, alguien se ha asegurado de que nadie haga preguntas.
Gid no llama a la embajada. Hace una llamada. Donte ya está de luto.
La pista los lleva por los callejones de Nairobi hasta una red de ensayos farmacéuticos que oficialmente no existe. Un periodista silenciado y una informante se unen a la búsqueda mientras Gid y Donte hacen lo que mejor saben hacer: ocuparse de los problemas.
En el centro de todo está Calvin Weston: impecable, razonable, intocable y convencido de ser el héroe de esta historia. Weston debería acabar ante un juez.
Donte quiere algo más rápido. Y mucho más permanente.
Gid siempre ha sabido que Donte sería capaz de matar por él. Lo que nunca imaginó es que algún día tendría que detenerlo.