Como en otras obras del autor, Choi In-Hun, más allá de las diferencias políticas entre las dos Coreas, la novela fija la atención en seres concretos que han visto tronchada su existencia y se ven arrastrados a graves conflictos de conciencia, conducidos, a veces a la despersonalización y el vacío existencial.
La novela se articula en una trama que sigue los pasos del niño Doko Un –testigo de la devastación de la guerra– y del joven que en Seúl se convertirá en un ser disociado inserto en una sociedad urgida por el consumo, las pugnas políticas y la corrupción moral, al tiempo que se generan extensas zonas discursivas sobre historia, religión y filosofía en un frustrado intento por comprender ¿qué le ha sucedido a la Corea tradicional y auténtica?