Con su padrino, Hwang Wang, un antiguo ladrón de tumbas, Chido aprende temprano las artes de la ‘ladronería’ y de una incierta espiritualidad. Wang ha tomado bajo su protección a la pequeña Duryeon, quien será el amor fatal de toda su vida y sobre la que deposita toda su capacidad de ternura. Mientras, los sucesivos episodios de su corta vida discurren entre el humor y el patetismo, una descarnada violencia y una amplia gama de situaciones eróticas.