Cuando el reino le encarga eliminar al príncipe dragón Azaloth, cuya presencia desestabiliza un anillo de volcanes y amenaza a cientos de aldeas, Mary emprende el viaje sola. Nadie ha podido acercarse al castillo. Ella llega.
Y queda atrapada dentro.
Lo que Mary esperaba encontrar y lo que encuentra son dos cosas completamente distintas. Azaloth no es el monstruo que el reino le describió, pero tampoco es inofensivo, y el fuego que los rodea no distingue entre enemigos y aliados.