El trato es simple. Las reglas, claras. Eventos públicos, apariencias, sonrisas en los momentos correctos. Nada que no pueda manejarse con disciplina y distancia.
Lo que Selena no calculó fue al hermano menor.
Daniel no encaja en ningún lugar de este acuerdo. No es parte del trato, no tiene rol en los eventos, no aparece en ninguna cláusula. Trabaja de noche en el bar del hotel, compone canciones que todavía no tienen nombre, y tiene la costumbre inconveniente de hacer preguntas que nadie más se atreve a hacer. No intenta impresionarla. No necesita nada de ella. Y por alguna razón que Selena tarda demasiado en querer admitir, eso lo hace más difícil de ignorar que cualquier otra cosa en este edificio.