«provecho de los infinitos portentos naturales de América y de las interesantes costumbres de sus habitantes».
El relato es muy ágil y consigue convertir una historia de amor romántico en una trama llena de peripecias políticas. Lejos de los tópicos del romanticismo en boga, Magariños no idealiza la figura del gaucho y prefiere las descripciones de un realismo costumbrista de corte sociologizante.