El mundo sigue en pie.
Las ciudades continúan donde siempre estuvieron. Las carreteras, los coches, los supermercados y las casas permanecen aparentemente intactos.
Pero ya no pertenecen a los vivos.
Desde el día de la Ocupación, unas entidades espectrales inexplicables habitan los edificios. Permanecen tras puertas y ventanas, silenciosas, observando, esperando. Algunas adoptan formas familiares. Otras muestran rostros imposibles. Y existe una regla que todo superviviente aprende demasiado pronto: entrar bajo un techo puede significar no volver a salir.
Ethan lleva años caminando junto a Teresa, su hija de cinco años, atravesando pueblos abandonados, bosques, carreteras desiertas y ciudades fantasma en busca de comida, agua y un lugar donde sobrevivir una noche más. No poseen un hogar. Apenas conservan unas pocas pertenencias, un viejo revólver y la certeza de que detenerse puede resultar tan peligroso como continuar.
Porque los espectros no son lo único que queda en el mundo.
Hay saqueadores. Sectas. Supervivientes capaces de cualquier cosa. Hambre. Frío. Animales salvajes. Y algo aún más inquietante: señales de que las reglas que hasta ahora los han mantenido con vida podrían estar empezando a cambiar.
Cuando en su camino aparece Rebeca, una misteriosa mujer vestida de blanco, Ethan tendrá que decidir hasta qué punto sigue siendo posible confiar en otro ser humano en un mundo donde incluso los muertos utilizan los recuerdos para atraerte hacia ellos.
OTRA CIUDAD FANTASMA es una novela de terror sobrenatural, horror postapocalíptico y supervivencia, donde las casas se han convertido en trampas, las ciudades son territorios prohibidos y cada refugio puede ocultar algo peor que aquello de lo que intentas escapar.
Una historia de fantasmas, apocalipsis, ciudades abandonadas, supervivientes, sectas, misterio, criaturas sobrenaturales, suspense, horror psicológico y supervivencia extrema, pero también sobre un padre dispuesto a atravesar un mundo muerto para proteger lo único que todavía le recuerda por qué merece la pena seguir vivo.
Porque cuando ya no existe ningún lugar al que llamar hogar, sobrevivir no consiste únicamente en seguir respirando.
Consiste en no permitir que el miedo te quite aquello que todavía te hace humano.