La de Bioy Casares es una obra extraordinaria y vigente que, además, ofrece una especie de enigma: esa etapa entre 1929 y 1940 en la que publicó varios libros de los que él mismo prefirió no acordarse. En Memorias, sin embargo, ofrece algunas precisiones al respecto.
En estas páginas habla también de sus primeros perros y caballos, de sus disidencias con el grupo Sur, de su acceso al género fantástico a partir de un espejo veneciano en el cuarto de vestir materno, de su compleja relación con Silvina Ocampo, de ese folleto sobre el yogur y la leche cuajada que significó el debut de una de las sociedades literarias más destacadas de todos los tiempos con Jorge Luis Borges, de la estancia de los Bioy en Pardo y de un inolvidable hotel que lo motivó a escribir ese particular cóctel que él define con toda naturalidad y terminó por convertirse en uno de los estilos más reconocibles de la literatura argentina: «historias donde conviven animales feroces, que sugieren épocas bárbaras y frívolos turistas de nuestro tiempo».
Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires el 15 de septiembre de 1914. Dedicado desde muy joven a la literatura, la publicación de La invención de Morel, en 1940, marca el inicio de una vasta carrera literaria que desplegó en el cuento, la novela, el ensayo, el diario y trabajos en colaboración con su esposa, la escritora Silvina Ocampo, y Jorge Luis Borges. Algunas de sus obras más destacadas son Plan de evasión, El sueño de los héroes, Diario de la guerra del cerdo, Dormir al sol, La trama celeste, Historias desaforadas, Una muñeca rusa y Una magia modesta. Condecorado como Caballero de la Legión de Honor, recibió, entre otros premios, el Municipal de Literatura, el Nacional de Literatura, el de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, el Internacional Alfonso Reyes y el Cervantes. Murió en Buenos Aires el 8 de marzo de 1999.