Hace diez mil años, el general Ren Kotai murió defendiendo un paso de montaña contra Vaelith, un hambre sin forma capaz de devorar no la carne, sino el hilo mismo que une un nombre a un rostro, un rostro a una historia. Para salvar lo que quedaba de los Nueve Radiantes, la diosa del crepúsculo, Sae-Mora, escondió su esencia dentro del cuerpo de Ren y lo enterró bajo una montaña que, con el tiempo, olvidó tener nombre.
Ahora Ren despierta. El mundo que conocía ha muerto y renacido incontables veces; los dioses a los que sirvió son, para la mayoría, cuentos de aldea que una nueva religión de contabilidad celestial se ha encargado de borrar del mapa oficial. Pero Vaelith también ha despertado, y su apetito, tras diez mil años de ayuno forzado, ha vuelto a encontrar el camino hacia los pueblos, los santuarios y las semillas dormidas de los dioses caídos.
Junto a una archivista obsesionada con la verdad prohibida y una guerrera monástica que descubre que su propia orden le ha mentido durante toda la vida, Ren deberá recorrer un continente que ya no lo recuerda para encontrar lo que queda de los Nueve antes de que el vacío lo encuentre primero. Pero la batalla final no se ganará con una lanza: se ganará contando una historia que ningún hambre pueda tragarse entera.
La Tumba de los Dioses es una fantasía épica sobre la memoria, el olvido y el poder silencioso de las historias que se niegan a morir — perfecta para lectores de fantasía mitológica de ritmo pausado y emocional, con ecos de la tradición oriental y una pregunta que atraviesa cada página: ¿qué somos, cuando ya nadie recuerda quiénes fuimos?