En la convulsa Alemania del siglo XII, donde las casas ducales se disputan el favor del Emperador y el Papa combate a su propio reflejo en el Antipapa, Serelinde de Arvendal descubre que el amor puede ser la más peligrosa de las alianzas.
Él es Thainar Rodericsholm, un emisario al servicio de los Staufa, enemigos de su padre. Ella, la hija de un conde sajón cuya lealtad al Imperio pende de un hilo. Cuando sus miradas se cruzan en la boda de su hermano, el destino —caprichoso como los dioses antiguos— los encadena con una pasión que ningún tratado podrá disolver.
Entre negociaciones diplomáticas, traiciones veladas y las sombras de una guerra santa que divide reinos y almas, Serelinde deberá elegir entre la lealtad a su sangre y la verdad de su corazón.
Mientras tanto, Thainar, marcado por viejas cicatrices y una vida de obediencia, hallará en ella la fuerza y la redención que no supo pedir a Dios.
Como una nueva Afrodita y un nuevo Hefesto, su amor desafiará la forja del deber y el fuego de la guerra.
Solo si sobreviven a la tormenta del Imperio —y a la batalla entre los hombres y sus dioses— podrán descubrir que la pasión, cuando nace de la entrega y no de la conquista, es también un acto de fe.
En un tiempo donde emperadores y papas se disputan el alma de Europa, ¿podrán ellos redimir el amor entre el hierro y la llama?
Un romance épico y sensual en los albores del Sacro Imperio Romano Germánico, donde la historia se entrelaza con el mito y el amor se convierte en destino.
LEA BLUMENFELD: Crecí entre libros, mapas antiguos y cielos plagados de símbolos, y fue en la ficción histórica donde hallé un refugio para entrelazar memoria, misterio y emoción. No me conformo con narrar hechos; mi deseo es despertar ese latido dormido en lo más profundo, esa sabiduría ancestral que viaja silenciosa a través de la sangre, los sueños y las decisiones que pueden transformar un destino.
Para mí, las historias no son simples adornos: son puentes que conectan con lo esencial, caminos por donde el alma recupera lo que la mente olvida. Mis personajes —mujeres que buscan su lugar entre dos mundos, hombres divididos entre el deber y el deseo— son mi forma de rendir homenaje a ese espacio sagrado donde se encuentran nuestras raíces, la tierra y el corazón.
Escribo porque creo que es un acto de escucha profunda, un diálogo íntimo con voces que vienen de lejos. Como en un antiguo telar, cada palabra es un hilo más que se suma al gran tapiz de nuestra humanidad, un tejido que nunca deja de crecer.
Gracias por abrirme un espacio para compartir esta conversación. Me alegraría seguir escuchándote y seguir tejiendo, desde mi pequeño rincón del mundo, mi hilo en este vasto tapiz.
Con amor y gratitud profunda, Lea.