Hugo Marín no es el típico “líder del drama”. No busca fama, no busca líos, no busca likes. Solo intenta que su casa aguante. Que su madre no se rompa. Que el banco no les termine de hundir.
Pero en GEN Z: SIN FILTRO hay una regla que nadie firma y todos cumplen: cuando estás al límite, alguien aparece con una “solución”. Un favor. Un trato. Un “tranquilo, yo lo arreglo”. Y de repente ya no estás pagando dinero… estás pagando con silencio, con mentiras, con lealtades que no querías prometer.
En La deuda (Libro 3), lo que empieza como “solo necesito tiempo” se convierte en una trampa perfecta:
· un chantaje que no te deja respirar,
· un instituto donde todo se graba y cualquiera puede “editar la verdad”,
· y un círculo de gente que no necesita golpearte para destruirte: les basta con decir “te veo”.
Mientras Lidia huele contenido, Claudia ofrece ayuda con precio, Álex promete atajos que siempre cobran, y Sergio exige silencio, Hugo se queda en medio… con el miedo en el bolsillo y la sensación de que cualquier paso puede ser el último.
Si te enganchan las historias que van rápido, que duelen porque parecen reales, y que te dejan con la garganta apretada en cada capítulo, este libro es para ti.
Entra en La deuda.
Solo una advertencia: aquí no hay “borro y ya está”.
Aquí las cosas dejan rastro.
Y cuando alguien consigue tu rastro… te tiene.