¿Y si el mayor rival de Occidente no hubiera ascendido contra Occidente, sino gracias a él?
Hace apenas unas décadas, China era un país agrario, empobrecido y devastado por los experimentos de Mao Tse-tung. El Gran Salto Adelante provocó una de las peores hambrunas de la historia. La Revolución Cultural destruyó vidas, familias, conocimientos y tradiciones. Millones de personas fueron sacrificadas en nombre del comunismo.
Sin embargo, aquel régimen no desapareció.
Se convirtió en una superpotencia.
La explicación habitual afirma que China abandonó gradualmente el marxismo, abrió su economía, abrazó el mercado y prosperó gracias al comercio internacional. Según este relato, el capitalismo habría transformado a la República Popular y terminaría conduciéndola hacia una sociedad más libre.
Nada de eso ocurrió.
En China: la superpotencia que Occidente construyó, Alejandro Kaiser examina la gran operación financiera, diplomática, tecnológica y propagandística que permitió al Partido Comunista pasar de gobernar un país arruinado a disputar el control del siglo XXI.
La obra reconstruye:
La apertura de China impulsada por Richard Nixon y Henry Kissinger.
El papel de los Rockefeller, Yale y las redes financieras estadounidenses.
La transferencia de tecnología, capital y conocimientos industriales occidentales.
La entrada de bancos y multinacionales en el mercado chino.
La utilización de las reformas de Deng Xiaoping para atraer inversiones sin abandonar el poder comunista.
El mito de que el comercio produciría democracia y libertad.
Los crímenes de Mao y la devastación del Gran Salto Adelante.
La continuidad del marxismo-leninismo bajo Xi Jinping.
El aparato de propaganda, censura y control ideológico del Partido.
La persecución de disidentes y el sistema de campos de trabajo Laogai.
La convergencia entre China, grandes empresas y organismos globales.
El proyecto de trasladar el centro del poder económico y tecnológico hacia Pekín.
China no adoptó el mercado para liberar a sus ciudadanos. Utilizó determinados mecanismos del mercado para fortalecer al Partido.
Las fábricas occidentales se trasladaron.
La tecnología fue entregada.
La industria estratégica quedó expuesta.
Las corporaciones obtuvieron beneficios inmediatos.
Y el Partido Comunista adquirió los instrumentos necesarios para vigilar a su población y desafiar a quienes lo enriquecieron.
Esta no es una acusación contra el pueblo chino. Es una investigación sobre un régimen, una estrategia y las redes occidentales que contribuyeron a levantarlo.
Occidente creyó que transformaría a China mediante el comercio.
Pero fue China la que utilizó el comercio para transformar el mundo.
Alejandro Kaiser
Autor e investigador sobre historia contemporánea, geopolítica y propaganda. Sus libros analizan conflictos internacionales, ideologías y narrativas históricas a partir de documentos, fuentes primarias y análisis crítico.
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